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sala 4
Crítica por Roberto Scafidi.
Clarisa Grabowiecki espeja en sus pinturas la energía vitalista , desbordada en ocasiones, por momentos asordinada, pero siempre presente, que es, intuyo, la misma energía que la habita a ella. Resonancias de "bad painting", de neoexpresionismo y transvanguardia, psicodelia y cultura pop amalgamadas a una imprescindible inocencia (que no significa falta de lucidez, antes bien lo contrario, en este caso), voluntad de reconciliación de elementos o entes dialecticamente opuestos en una unión inclusiva, dinámica y apaciguadora. Apaciguadora en el mismo sentido en que un terremoto apacigua sus vecindades al detenerse. En algunas de sus obras donde-según la idea de Noé ( el artista, no el de la barca) " asume el caos"- la imagen puede contener una cierta carga de expresión violenta , desde lo expresivo y gestual, atenuada por la alegría que adivinamos le produce el oficio de pintar. En otras parece haber un cierto grado de ascetismo -en comparación con las mas exhuberantes-pero es entonces un ascetismo que aulla, con colores que antes que agradar pretenden mover-con o conmover, como diría alguien que manejase el idioma antaño conocido como castellano, actualmente en vías de extinción . Clarisa va para adelante con todo lo que tiene, imparable, perseverante, vital, joven y joven ( de edad y de alma), enarbolando en lo alto su corazón como una pancarta, sus ideales pop (sin ser pop su pintura) y su talento, superándose, impulsandose, hacia el futuro promisorio de obras vitales y provocadoras y del placer de trabajar en lo que ama mas sin que nada ni nadie la detengan.
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